Noticias SALUD MENTAL

Ω El estrés persistente nos inflama y nos enferma.

Durante este año hemos incluido en nuestro vocabulario palabras como citoquinas y hemos aprendido que la reacción inflamatoria de nuestro cuerpo puede ser dañina. Pero esto solo ocurre cuando la inflamación es excesiva como en el caso de una infección como con la  COVID, o ante una alergia o cuando la inflamación se hace crónica como en el caso de enfermedades reumáticas, obesidad, cáncer, asma, enfermedades neurodegenerativas, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares… e incluso la inflamación puede ser un factor que incide en  el envejecimiento no saludable, la fatiga y la enfermedad mental. Estudio.

Habitualmente la inflamación es el mecanismo reparador de nuestro cuerpo. Nuestros tejidos para mantener su funcionamiento apropiado y homeostasis (equilibrio) o ante situaciones nocivas o cuando sufren una lesión o son atacados por un microorganismo patógeno, reaccionan produciendo una respuesta inflamatoria. La inflamación, mediante el aumento del flujo sanguíneo y la permeabilidad capilar, y la emigración de leucocitos, nos permite eliminar los patógenos, reparar, reconstruir  o eliminar células o tejidos dañados y eliminar sustancias nocivas o tóxicas. Aunque para que esta reacción inflamatoria sea reparadora y nos ayude a retomar el equilibrio debe de estar bien regulada.

Ante cualquier tipo de estrés físico o psicológico se produce una reacción neuroinmunoendocrina de respuesta de nuestro organismo orientada a recuperar el equilibrio saludable .  Sí  esta reacción no consigue alcanzar el equilibrio fisiológico (nivel de O2, PH, hidratación o gasto energético apropiados) o aunque lo consiga si se mantiene el estrés psicológico la reacción neuroinmunoendocrina se mantendrá crónicamente alta entonces se desarrollarán enfermedades.

El estrés psicológico puede estar originado por una disfunción social de algún tipo como conflictos, aislamiento, o por preocupaciones ante una situación de riesgo. La reacción de alerta puede mantenerse incluso cuando hayamos conseguido superar la adversidad, puede ponerse en marcha o mantenerse pese a no existir agentes estresantes de importancia debido a alguna respuesta emocional negativa o ansiedad. De cualquier forma siempre que no recuperemos el equilibrio nuestro sistema nervioso autónomo simpático se activará y estará preparado para  iniciar respuestas de tipo lucha o huida. Estas respuestas pueden ayudarnos a alcanzar el equilibrio, pero en muchas de las situaciones estresantes a las que nos enfrentamos hoy en día, este tipo de respuestas de lucha o huida no son posibles o generan más problemas por lo que se mantendrá una alta activación neuroinmune hasta que el organismo no pueda mantenerla más por el gran coste que le supone. El sistema se agotará y aparecerán  problemas inmunológicos, inflamación crónica y enfermedades. Tenemos que saber que no podemos mantener este tipo de activación durante periodos prolongados sin consecuencias. Por ello la única forma posible de afrontar este tipo de situaciones que no están bajo nuestro control es mediante el aprendizaje y la búsqueda de apoyo social. De esta forma podemos conseguir bajar el estrés psicológico o las reacciones emocionales negativas.

El cortisol, una de las hormonas implicadas en este proceso se encarga de detener la respuesta inmune y la inflamación. Sin embargo el estrés crónico, así como el envejecimiento, hace que el sistema inmunológico se haga resistente al cortisol y aunque se mantenga elevado no consigue detener la respuesta inmune y la inflamación no cesa. Estudio.

De esta forma el estrés psicológico y las emociones negativas persistentes están relacionados con respuestas inflamatorias  e inmunológicas alteradas que pueden producir o exacerbar enfermedades mentales y físicas. Sabemos que la enfermedad inflamatoria intestinal está relacionada con el aumento del cortisol durante el estrés persistente. Los altos niveles de citoquinas inflamatorias producidas por el estrés generan inflamación cerebral y están implicadas en la etiología de la esquizofrenia y otras alteraciones cerebrales y enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.  Estudio. 

En cambio el bienestar psicológico, sentirse valorado, la relajación, el sueño profundo entre otros factores, están relacionados con una respuesta neuroinmunoendocrina reparadora. Daniel Montoya 27/6/2021/ 651842333/ daniel@atulado.org.es

Health, Fitness, Health Is Wealth

 

 

 

 

Relación entre inflamación cerebral  y

enfermedad mental.

La inflamación es una parte de la respuesta inmune que nos protege cuando tenemos infecciones o lesiones de algún tipo ya que aumenta el suministro de sangre y la permeabilidad capilar en la zona afectada y todo ello facilita la actuación de las células inmunitarias, macrófagos, anticuerpos, citoquinas, así es posible eliminar los patógenos causantes de la infección . Una vez que se resuelve el problema el propio sistema inmunológico suprime la respuesta y se promueve la reparación de los tejidos  dañados. Si todo va bien  la inflamación es una reacción limitada en el tiempo. Esto no siempre es así, a veces, el sistema inmunológico falla y no suprime la inflamación y el ataque se excede o se hace sistémico generalizándose.  A ciencia cierta no se sabe muy bien porque falla, podría ser por múltiples causas y como siempre lo más probable es que haya una combinación de factores. Pude fallar por alguna deficiencia que afecta al propio sistema inmunitario, por ejemplo falta de vitamina D, o porque el sistema inmunitario se ha descontrolado y ataca, supuestamente sin motivo, a células sanas. También puede ser que la infección no haya sido superada completamente, o que los microrganismos infecciosos hayan producido muchas toxinas y dañado muchas células  o que algunas  sigan infectadas  de forma activa o latente, o que tengamos una infección crónica o una alta permeabilidad intestinal que deja pasar microorganismos o fragmentos de ellos constantemente,  o que o en algunos casos la funcionalidad  de la célula, el  tejido, órgano o articulación puede estar afectada por sobre uso o falta de él y se acumulan desechos y se genera toxicidad o… Sea como sea, la inflamación puede producir muchos problemas de salud y si no cesa y se hace crónica nos puede llevara a desarrollar una enfermedad autoinmune como: artritis,  enfermedad inflamatoria intestinal, fibromialgia, esclerosis, diabetes tipo I, etc.

La inflamación afecta también a nuestro cerebro. Antes se pensaba que el cerebro estaba protegido de lo que pasaba en el “cuerpo” pero cada vez es más evidente que la inflamación tiene un importante protagonismo en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, o  el Parkinson y en otros problemas de salud mental como la depresión, trastornos obsesivos, la ansiedad o la esquizofrenia. Esta correlación está cada vez más clara, sabemos que  la inflamación  puede desencadenar enfermedades mentales y que la enfermedad mental cursa con inflamación cerebral. También sabemos que el malestar psicológico y el estrés también desencadenan una disregulación de la respuesta inmune e inflamación. Así que, empiece por donde empiece el proceso, se cierra el círculo y puede ser difícil salir de la enfermedad.

La buena noticia. Sabemos cómo acabar con las infecciones en la mayor parte de los casos y ¿cómo podemos disminuir la inflamación? Es posible reducir la inflamación a través de hábitos sencillos. El ejercicio físico, la alimentación sana, descanso reparador son las armas más efectivas para ello. Incluso en el caso de que la inflamación cerebral esté cursando con depresión, ansiedad o estrés, podemos utilizar para su mejoría la relajación, la meditación, la psicoterapia… A través de todo ello puedes generar buenos hábitos y conseguir diariamente “dosis fijas de antinflamatorios naturales”. Hay también muchos tipos de alimentos, suplementos, vitaminas y fármacos, que pueden tener su papel también. Así que no te quedes parado y ¡empieza ahora! Si tienes alguna duda sobre como hacerlo o necesitas ayuda para ponerte en marcha  aquí estamos. Os voy subiendo artículos sobre el tema. Daniel Montoya enfermero y psicólogo clínico. (3/2021)

Inflamación “la nueva frontera”     The inflamed mind

Estrés, depresión inflamación y dolor